ConCiencias_Barcelona surge a raíz del encuentro ConCiencias por la Humanidad convocado por las bases de apoyo zapatistas que tuvo lugar en diciembre de 2016 en San Cristóbal de las Casas, en el estado mejicano de Chiapas. Nuestro grupo recoge, desde su inicio, la propuesta zapatista de considerar las ciencias como una actividad intrínsecamente humana i no intrínsecamente ligada al capitalismo, su reconocimiento como posibles motores de transformación y la demanda de buscar en ellas las herramientas para continuar resistiendo y construyendo autonomía.
Estamos convencidas que las ciencias no se pueden analizar independientemente de su entorno social. Por el contrario, son los poderes económicos y políticos de la sociedad en la que vivimos los que contribuyen a definir el contenido de la investigación, así como sus prioridades, sus métodos y, sobre todo, el uso de los resultados. Pero entendemos estos poderes de forma extensa: no sólo los políticos-poderosos y sus leyes, su policía y sus ejércitos tienen poder, si no también quien piensa por nosotros, quien nos presenta las “cosas” tal y como son, ya hechas. Es decir, la elaboración y la posesión de conocimiento proporciona poder: quien sabe, puede, y puede, entre otras cosas, subyugar a quien no sabe.
Podemos explicar estos conceptos a través de una metáfora: si las leyes que gobiernan la caída de una manzana no están afectadas por el contexto político del entorno, la mano que la lanza, los intereses que hay detrás y las cabezas sobre las cuales cae la manzana, sí que dependen de este contexto. La objetividad de la ciencia, por tanto, no sólo está condicionada por el paradigma teórico y las prácticas empleadas, sino que también depende del contexto económico, cultural y social. Podemos decir, pues, que la ciencia está situada políticamente, es decir, que no es neutral.
Sabemos que las ciencias constituyen un enorme dispositivo de poder que se pone de manifiesto en las relaciones de subordinación entre las instancias de poder, por un lado, y los saberes científicos, por el otro. La producción de conocimiento académico está sujeta a unos mecanismos de poder que, a su turno, se encuentran al servicio de los intereses del mercado. Dentro de esta lógica neoliberal, la obtención de resultados se entiende como productividad científica, la cual genera precariedad laboral y supone, a menudo, una transferencia de recursos del sector público hacia el privado. Esta precariedad laboral hace que, en múltiples ocasiones, las investigadoras sufran trastornos psicológicos como resultado directo de este sistema de producción científica actual.
Además, desde la perspectiva de género, si bien es cierto que dentro de las estructuras científicas se intenta acabar con la brecha de género, la idiosincrasia del sistema actual va en contra de una transformación profunda de las prácticas y valores de la comunidad científica, que no deja de estar enmarcada en una sociedad patriarcal. Por esto, los científicos nos tenemos que reconocer, también, como parte del problema. La desigualdad en ciencia no viene marcada sólo por las estructuras macroeconómicas, sino que las estructuras patriarcales las implementamos en nuestras prácticas y comportamientos diarios. Ser conscientes de estas dinámicas es el primer paso para intentar revertirlas.
En nombre de la excelencia investigadora, la presión para publicar y patentar para poder obtener financiamiento para continuar con los proyectos de investigación genera una rueda que se retroalimenta y no se detiene. Viendo esta panorámica nos planteamos si la existencia de un conocimiento válido no debería ser suficiente para poder desligarlo del mercado y cómo podríamos hacer investigación sin la precariedad que supone estar a su servicio.
Hoy en día tenemos acceso a más conocimiento que nunca, pero la comunidad está rota, y sin comunidad es imposible ligar la creación de conocimiento con la sociedad. Por lo tanto, nos parece que uno de los objetivos primordiales debería ser la creación de comunidad y la educación en el valor y la necesidad del conocimiento desde y para la sociedad. Para llegar a una sociedad con una comunidad fuerte que pueda controlar y aprovechar tanto la creación como la gestión del conocimiento, nos parece importante llevar a cabo microresistencias, desarrollar y extender el pensamiento crítico, fomentar la reflexión sobre la situación actual, fortalecer las redes actuales y crear otras nuevas, intentar despertar conciencias tanto en las aulas como en las calles, y hacerlo sin reproducir jerarquías de poder. Por todo esto, podemos aprovechar las estructuras actuales teniendo en cuenta su origen y sus limitaciones, con tal de ser capaces de crear nuevas estructuras autónomas que nos ayuden a cumplir nuestro objetivo.
Queremos detener la dinámica científica existente hoy en día, que utiliza la dominación de la naturaleza para sacar un beneficio económico a corto plazo. Este uso de la ciencia ha tenido, y sigue teniendo, consecuencias desastrosas como el calentamiento global, la desertificación, la falta de recursos, etc. Por eso queremos desarrollar, también, otra forma de relacionarnos con la naturaleza, construyendo una ciencia que ayude a reducir las dominaciones en todos los ámbitos. Una ciencia que nos dé información fiable y desde diferentes puntos de vista, que llegue a todo el mundo y contribuya a una toma de decisiones consciente y a una democracia participativa real.
Para conocer en comunidad y ser capaces de transmitir este conocimiento, hace falta reinventar el concepto de divulgación. Queremos abandonar la idea de trasvase vertical de información, la cual se contrapone a la de compartir el conocimiento de forma horizontal. Mientras que el primer método tiende a la creación de mitos, el segundo desarrolla el pensamiento crítico, nos empodera y nos aporta otra forma de ver el mundo. Por eso, queremos conocer los límites de las ciencias, ya que fuera de ellos sabremos que lo que nos intenten vender como científico será, probablemente, falso. Nos preguntamos: ¿Cuáles son las cosas científicas? ¿Qué puede saber la ciencia? Esta es una nueva forma de afrontar la transmisión de conocimiento científico. No queremos un maestro que nos diga “esto es lo que se sabe” porque creemos que lo importante no es lo que “se sabe”, sino entender como se ha podido conocer, cuales han sido las herramientas y las ideas que han ido definiendo estas cosas científicas. Esta forma de divulgación científica, apelando al hecho de que no todo es comprensible por la ciencia, definiendo qué es conocimiento científico y cómo se ha llegado hasta él, es más difícil y lleva más tiempo que la mera transmisión de conocimientos, pero es mucho más efectiva.
Por todo esto, nace ConCiencias_Barcelona, un grupo abierto de personas activas en los movimientos sociales que nos encontramos quincenalmente desde enero del 2017 para reflexionar y actuar sobre las diversas dimensiones que atraviesan los conocimientos científicos.
Nuestro trabajo se basa en la reflexión sobre la relación entre el saber y el poder, la cual nos ha llevado a debatir sobre dos aspectos fundamentales del “ideario científico”: la objetividad del conocimiento científico y la neutralidad de su producción. A lo largo de estos meses hemos ido construyendo el grupo en el ámbito organizativo, hemos fijado unos objetivos comunes con los correspondientes grupos de trabajo y hemos empezado a tratar conjuntamente un aspecto previo que nos parece imprescindible: deconstruir nuestra idea de ciencia para poder proyectar una práctica futura que rompa, en todos los ejes posibles, con el binomio ciencia y capitalismo, y que ayude a vertebrar una comunidad fuerte y lo más horizontal posible en armonía con la naturaleza.